Una lección de liderazgo

Nadie quedó indiferente tras el anuncio de la renuncia de Joseph Ratzinger. La última vez que un Pontífice lo hizo fue hace casi 600 años, lo cual para muchos era desconocido e hizo esta noticia aún más desconcertante.

El cánon § 332 del código de derecho canónico prevé la posibilidad de la renuncia y aclara que, “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero que no sea aceptada por nadie”. No necesita ser aceptada por nadie pues no tiene superior en la tierra. Eso es lo que Benedicto hará formalmente el 28 de Febrero a las 20 horas de Roma, abriendo el período de Sede Vacante y el consecuente inicio del Cónclave.

Hace tres años, en una entrevista con el periodista católico alemán Peter Seewald, Benedicto XVI respondió ante la pregunta de si existía una situación apropiada para la renuncia de un Santo Padre que: “Sí, si un papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias también el deber de renunciar”.

No obstante, en esa misma oportunidad cuando le consultaron si ya había pensado en renunciar dijo que “si el peligro es grande no se debe huir de él. Por eso, ciertamente no es el momento de renunciar. Justamente en un momento como este hay que permanecer firme y arrostrar la situación difícil. Esa es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno, o cuando ya no se puede más. Pero no se puede huir en el peligro y decir: que lo haga otro”. Claramente Benedicto luchó intensamente, pero llegó su momento.

[quote text_size=”medium” author=”Benedicto XVI”]

“Sí, si un papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias también el deber de renunciar”.

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Ratzinger no tenía intenciones de ser elegido Papa, sin embargo, asumió la misión que le fue confiada con humildad e intentando realizar el mayor aporte posible a la Iglesia de acuerdo a su originalidad. No son pocas las contribuciones que le atribuyen.

En 2011 trabajé en la organización de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, la que contó con la presencia del Santo Padre, y pude atestiguar algunos momentos que justifican mis afirmaciones. Un ejemplo simple, aunque potente para los que estuvieron presentes, fue durante la noche en el aeródromo de Cuatro Vientos. Dos millones de jóvenes reunidos con el Papa, y en medio del caluroso verano madrileño, se desató una fuerte tormenta. Los colaboradores cercanos insistían al Santo Padre que abandonara el escenario a lo que él respondió en más de una oportunidad que no, que si los jóvenes permanecían el podría hacerlo también. Posteriormente él se referiría a ese momento con las palabras “Hemos vivido una gran aventura juntos. Firmes en la Fe de Cristo habéis resistido la lluvia”.

Creo que el hecho de que nos encontramos en un contexto donde todas las autoridades luchan por escalar o por lo menos permanecer en el poder, hacen que el gesto de Benedicto sea algo difícil de entender. Hace falta de mucho coraje para dar un paso así, y demuestra una actitud noble, digna y humilde, principalmente si consideramos que el motivo que lo llevó a hacerlo fue la fuerte convicción de que será lo mejor para la Iglesia. Para quienes nos consideramos parte de ella, creo que corresponde estar agradecidos por tener un líder capaz de sacrificarse por el bien mayor; para quienes no, creo que vale la pena admirar el obrar de alguien que pone por encima de todo la misión que le fue encomendada y el bien mayor de la institución que representa. Ojalá sirva de ejemplo para tantos dirigentes. Ciertamente también sentará un precedente para los próximos Papas.

Hubiese sido mucho más fácil para él continuar, sin el coste político y personal de esa renuncia. Benedicto conocía todas esas variables, y sabía a lo que iba a enfrentarse, lo cual sólo hace más valiosa su decisión.

Volviendo a lo que me toca, aquí en Río de Janeiro, como miembro del comité organizador de la Jornada Mundial de la Juventud estoy muy agradecido a Benedicto por haber elegido esta ciudad, la que estoy convencido tiene mucho para regalar a la juventud. Y estoy especialmente agradecido por tomarse su liderazgo tan en serio. Estos días nos han preguntado muchas veces si la Jornada sigue en pie y si contaremos con la presencia del Papa. La mejor forma de responderlo es con las palabras que el propio Benedicto dijera en una reunión con el arzobispo de Río, “la JMJ tendrá Papa, sea yo o mi sucesor”. Es así como probablemente la JMJ sea uno de los primeros viajes del nuevo Pontífice y, para nosotros, la responsabilidad de presentarlo a los jóvenes de todo el mundo.

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