JMJ: un evento de proporciones “bíblicas”

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OBJETIVOS CLAROS

Para conseguir esos resultados es imprescindible partir de objetivos claros. Tanto en Madrid como en Río, los objetivos adoptados por el sector de Comunicación pueden resumirse en tres:

– Que vengan muchos… o todos!: conseguir la cantidad y variedad de personas que reúne la JMJ no es fácil. Peregrinos, padres, obispos, voluntarios, periodistas, patrocinadores… Para cada uno una estrategia y canal diferente, pero es necesario hablar en el lenguaje, canal y desde el punto de vista de cada uno.

– Llevarlos a Dios: este objetivo va a lo más profundo de la Jornada, a la función esencial del evento. La JMJ pretende ser un gran altavoz para el mensaje del Santo Padre y de la Iglesia, y es fundamental que ese encuentro se produzca en cada parte de la Jornada: los eventos, el merchandising, la cobertura, los aplicativos, los audiovisuales, la vivencia de quien participa (peregrino, voluntario, periodista), etc…

– Mostrar el rostro joven de la Iglesia: el mensaje de la Iglesia es joven, pero es importante buscar nuevas formas de transmitirlo que acompañen el contexto. Es así como intencionalmente se buscó aprovechar cada oportunidad para ser creativos en la transmisión de este mensaje, tanto en los formatos como en la intención de despertar interactividad a través de cada pieza.

Vigilia JMJ Rio2013

UNA ESTRATEGIA GLOBAL

Nada de eso es posible sin tiempo y recursos. Aunque no es fácil conseguir tiempo, gracias a la comunicación, principalmente la online, se puede extender la duración del evento: en lugar de ser sólo una semana, se trabajó 2 años antes del evento, generando expectativa, envolviendo a los miembros de la comunidad en la configuración del evento, anticipando contenidos; y también, algunos meses después, reviviendo experiencias, reafirmando los mensajes y recordando todo lo
sucedido. Esto sin considerar que la comunidad de redes sociales fue, para Río, un legado del Comité de Madrid, con lo que el esfuerzo e inversión en esa área trascienden a cada edición del evento.

El recurso más importante para este tipo de organización son los recursos humanos. Es imprescindible contar con personas altamente cualificadas, pero que al mismo tiempo sean susceptibles de identificarse con el evento, sus características y creencias de modo que se convierta en algo más que un “trabajo”. La JMJ tiene, precisamente, la característica de involucrar intensamente a quien trabaja en ella, de hecho, muchas personas de todo el mundo, con alto nivel profesional, dedican su tiempo voluntariamente a su construcción. Esto es significativo porque para organizar un evento internacional, es necesaria una organización que piense internacionalmente: que piense, hable y se comporte de modo internacional.

Un ejemplo claro de la utilidad de una “mente internacional”, es la localización del mensaje: en redes sociales, los perfiles en cada uno de los 21 idiomas son gestionados por voluntarios nativos, que se encuentran en sus propios países y reciben contenido, lo traducen y le dan tono local. Esto tiene un riesgo y requiere de un esfuerzo adicional en la gestión de personas, pero el resultado es muy positivo, más fresco y auténtico.

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